En una despejadísima mañana de Noviembre, cuando el sol despuntaba el día, Nuestra Señora de la Amargura salía a la calle, rodeada de hermanos y devotos que rezaban el Santo Rosario.
La comitiva estaba formada por la cruz parroquial y dos ciriales, fieles rezando el rosario, la presidencia compuesta por el Presidente y Vicepresidente, Consiliario Nacional y Mundial de AA.AA.DB y el Delegado Inspectorial de la Familia Salesiana. Acolitos ceriferarios y turiferarios antecedían al paso de la Virgen que era portada por hermanos, en su mayoría, costaleros del paso de la Señora; y tras ella, el Consiliario de la Cofradía acompañado por el director de la comunidad salesiana. Cerraban el cortejo un grupo de hermanos cofrades.
Nuestra Señora de la Amargura vestida para la ocasión con una saya morada de brocado en oro y manto negro, tenía el tocado elaborado sobre blonda de encaje; una vez más la ejecución es obra del vestidor cordobés Antonio Villar.
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